El sistema musculoesquelético cumple funciones irremplazables en la fisiología humana. Como labor más importante, proporciona estabilidad, forma y movimiento al cuerpo. Esta compleja red de tejidos está formada por articulaciones, tendones, huesos, músculos, cartílagos y otras estructuras con la misma finalidad: sostener y permitir la relación con el entorno tridimensional.

Múltiples enfermedades pueden afectar al funcionamiento de los huesos y los músculos. La fibromialgia es una de las más conocidas popularmente, pero sigue encerrando muchos secretos desde un punto de vista clínico. En las siguientes líneas, se exponen las causas, los síntomas y el tratamiento de esta patología.

¿Qué es la fibromialgia?

La fibromialgia (FM) es una condición que se caracteriza por un dolor musculoesquelético generalizado. Se trata de un cuadro clínico complejo y crónico que incluye una gran variedad de síntomas, como cansancio generalizado, dificultad para conciliar el sueño, problemas cognitivos, hipersensibilidad ante los estímulos y mucho más. Algunos pacientes lo describen, de forma literal, como «un dolor de cabeza a pies».

Aunque no se conocen exactamente los mecanismos fisiopatológicos de la fibromialgia, se cree que los pacientes que la padecen procesan las señales del dolor de forma amplificada a nivel cerebral, lo que se traduce en una hipersensibilidad. Algunos de los rasgos fisiológicos que soportan esta afirmación es que las personas con esta enfermedad pueden tener:

  1. Niveles elevados de neurotransmisores excitatorios, como el glutamato.
  2. Disminución de los niveles de serotonina y norepinefrina en algunas rutas de la médula espinal.
  3. Aumento prolongado de las sensaciones de dolor.
  4. Alteración en los niveles de dopamina.
  5. Alteración en la actividad de los opioides endógenos cerebrales.

La fibromialgia se caracteriza por la alteración en el procesamiento de dolor y otras sensaciones en el sistema nervioso central (SNC). Estudios estiman que, en Europa, afecta al 3,3-8,3% de la población general. Es bastante más común en mujeres y el riesgo de padecerla incrementa con la edad.

El riesgo de la fibromialgia aumenta con enfermedades reumáticas preexistentes.

Síntomas de la fibromialgia

Los síntomas de la fibromialgia son múltiples y crónicos. Entre todos ellos, destacamos los siguientes:

  • Dolor y rigidez generalizados por todo el cuerpo. El dolor suele ser leve, constante, molesto y dura al menos 3 meses.
  • Fatiga y cansancio.
  • Problemas cognitivos con la memoria, el pensamiento y la concentración.
  • Depresión, ansiedad y otros trastornos psicológicos.
  • Migrañas y otros tipos de dolores de cabeza.
  • Hormigueos y adormecimiento de las extremidades.
  • Síndrome de colon irritable.
  • Cistitis intersticial.
  • Trastornos de la articulación temporomandibular.
  • Problemas para dormir, incluyendo el síndrome de las piernas inquietas y la apnea del sueño.

La fibromialgia coexiste con otras muchas enfermedades, que pueden ser consecuencia de su aparición o tener una causa conjunta. Cabe destacar que, por ejemplo, el 30-50% de los afectados tienen depresión y ansiedad asociados al cuadro.

Causas

Más allá de la alteración en las rutas nerviosas ya citada, la fibromialgia se puede asociar a causas concretas. Destacamos las siguientes, pero hay que tener en cuenta que no son las únicas:

  • Genética: a día de hoy, no existen suficientes evidencias que demuestren un patrón hereditario claro de la fibromialgia. No obstante, parece que la condición se concentra en determinadas familias. Ciertas mutaciones genéticas podrían favorecer la aparición de la enfermedad a lo largo de la vida.
  • Haber padecido ciertas infecciones virales o bacterianas: por ejemplo, las infecciones crónicas por el virus Epstein Bar se asocian a esta enfermedad.
  • Lesiones físicas: hasta el 39% de las personas con fibromialgia reportan haber padecido un traumatismo físico o lesión importante en los 6 meses previos a la aparición de los síntomas.
  • Trastornos emocionales: como se ha citado en líneas previas, la depresión y la ansiedad se asocian de forma muy común a la fibromialgia.

¿Cómo se hace el diagnóstico de la fibromialgia?

La fibromialgia es una entidad clínica muy difícil de diagnosticar. No existe una prueba específica para detectarla y, además, sus signos clínicos característicos (como dolor y fatiga) son típicos de otras muchas enfermedades. Es necesario descartar toda patología con el historial clínico previo del paciente, un examen físico, pruebas de diagnóstico por imagen (ecografía, rayos X y más), analíticas sanguíneas y mucho más.

Los criterios de clasificación de fibromialgia del ACR (1990) establecían la sensibilidad (dolor/presión) en al menos 11 de los 18 puntos sensibles definidos para la detección de la fibromialgia. De todas formas, estos se han modificado a lo largo de los años por las dificultades que reportaban. Por todas estas razones, es posible que se requiera la ayuda de más de un profesional médico para diagnosticar la enfermedad.

Tratamiento

La fibromialgia es una enfermedad crónica que no tiene cura. La finalidad del abordaje clínico es tratar de controlar los síntomas según el paciente y sus necesidades. Además, hay que controlar los efectos secundarios de los medicamentos que se puedan recetar, pues suelen aparecer.

Esta enfermedad se debe abordar con una combinación de terapias que pueden incluir los medicamentos, la fisioterapia y los cuidados desde casa. Se recogen sus rasgos generales en las siguientes líneas:

  1. Medicación: analgésicos (de venta libre o con receta), antidepresivos, anticonvulsivos y otros fármacos específicos para la fibromialgia.
  2. Terapias: fisioterapia, terapia ocupacional y sesiones psicológicas.
  3. Estilo de vida: manejo del estrés, establecer rutinas para mejorar el sueño, hacer ejercicio con regularidad, comer bien y más.

En general, las personas con fibromialgia continúan experimentando síntomas a largo plazo a pesar del tratamiento. Aun así, el pronóstico mejora mucho si se recibe la atención adecuada en todos los frentes citados. El éxito tras aplicar los tratamientos depende de los rasgos del paciente: la duración de los síntomas, los trastornos psiquiátricos asociados, la drogodependencia y más.

La fibromialgia es una enfermedad crónica y multifactorial que requiere mucho más conocimiento, tanto a nivel fisiopatológico como diagnóstico. De todas formas, es posible mejorar los síntomas en los pacientes si se aplican los tratamientos adecuados.

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La radiografía de tórax se utiliza con el fin de diagnosticar muchas condiciones que involucran la pared torácica, lo cual incluye a los huesos y los órganos localizados en esta parte del cuerpo, como los pulmones y el corazón. Sirve para descartar otras posibles causas compatibles con los síntomas de la fibromialgia.

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